

→ No CommentsTags: Asfalto·Pavimento·Trabajos municipales
Nota publicada por Cicco en Hipercrítico
(…)
Pero, básicamente la pregunta que deberíamos hacer es la siguiente: ¿por qué en los recitales no suben aunque sea un metro el escenario así vemos todos, especialmente los que estamos bajo la línea del metro setenta? ¿Es un problema de acústica? ¿Qué corno pasa? Lo consulté con Ignacio Manzo, ingeniero de sonido y musicalizador, y esto es lo que me dijo: “En los últimos años me dió la sensación de que cada vez meten más gente en los recitales y que estás apretado incluso a 70 metros del escenario. No se ve nada, se escucha mal, estás incómodo. Creo que habría que destinar un lugar especial para estos recitales, donde progresivamente se vaya haciendo más alto, como una rampa. Más baja cerca del escenario y tres metros más alta a 50 metros del escenario. Incluso me imagino que se escucharía mejor. No hay que pagar más un montón de plata por estos espectáculos: si pagás, es un robo.”
(…)
→ No CommentsTags: Prensa·Vivo
Postal animada de los subtes de Buenos Aires a principios del siglo XXI
→ No CommentsTags: Postales·Subte

→ No CommentsTags: Failure
Salí del trabajo con el tiempo justo para llegar al tren y no quería perderlo, estaba muy cansado y no llegar a tiempo significaba una espera de 25 minutos hasta el siguiente. Cuando estaba cruzando la calle, en la vereda de enfrente vi a un hombre con un bastón blanco esperando a que alguien lo ayudara a cruzar. No había nadie cerca así que decidí ayudarlo: terminé de cruzar la calle, lo acompañé hacia el otro lado (no soy muy bueno para esto, el tipo le dio un bastonazo a un auto que estaba estacionado sobre parte de la zenda peatonal y le rompió el espejito) y retomé mi camino. Contando con la ayuda divina, no me apuré demasiado para llegar a la estación. Siempre crucé por las esquinas y con luz verde. Cuando llegaba a la estación vi venir el tren, pero supuse que era el del otro ramal. Pero no, era el mío, así que apuré el paso y me subí sin pagar el boleto. El guarda estaba en el vagón contiguo, pero no se acercó. No era mi intención colarme, pero no quería esperar el próximo tren, el precio de ayudar a aquel hombre hubieran sido 25 minutos, casi media hora; demasiado. Supongo que fue un trato que hicimos con Dios de mutuo acuerdo: yo ayudo a cruzar al tipo y él me permite llegar a mi tren sin perjudicar a nadie. Incluso supongo que Él habrá dejado los 65 centavos en la boletería, y tal vez me los cobra sin que me de cuenta; me refiero a que el trato no implicaba ni un beneficio ni un perjuicio económico para nadie). Me siento bien porque cumplí con mi parte del trato primero. Eso siempre me da buenos resultados cuando hago tratos con Dios y me parece más honesto. No funciona colarse en el tren y después andar buscando viejas para cruzar a la fuerza. Hay que cruzar a la vieja y después Dios te allana el camino para que la única alternativa sea colarse en el tren (todo el mundo hace lo contrario: “si me gano la lotería, voy caminando a Luján”. La cosa funciona al revés, pero no avivemos giles.). Charlando este tema con la señorita X, me acusó de tener una mentalidad aristotélica. Sin embargo creo que la mía sería una actitud socrática: primero hago yo el sacrificio y si después obtengo una recompensa, mejor, y si no, mala suerte. Si bien Aristóteles se hubiera sentido gratificado por brindar la ayuda (el tipo no me dio las gracias, así que no puedo hablar de la gratificación), hubiera esperado intercambiar un favor por otro en el mismo acto. “Eso no sería posible” me objetó la señorita X. “Claro que sí: el ciego debería esperar en la esquina con el boleto en la mano”.
→ No CommentsTags: